Meditación sobre el Descanso

«La meditación es una práctica que va poco a poco limpiando, haciendo una higiene, sacando hacia fuera la suciedad que empaña nuestras lentes, y va haciéndonos sibaritas de nuestra experiencia aquí y ahora»

P.

La meditación es para muchas personas, o por lo menos lo fue para mí en los inicios, una práctica un poco ardua. Relacionaba “meditación” con algo aburrido, que tenía demasiado peso. No sabía muy bien por qué lo hacía. La gente te dice “tienes que meditar porque te va a sentar muy bien”. Entonces, lo haces. Y estás sentada ahí, sobre un cojín o en una silla, y surgen muchas resistencias: 

“¿Qué hago aquí? Estoy perdiendo el tiempo. Con la de cosas que tengo que hacer.” 

Y encima, cuando terminas de meditar (media hora o una hora después), no notas sus frutos; no es como una clase de spinning o de aeróbic que puedes percibir más el trabajo.

Aunque se llame a la meditación alguna vez la “sin provecho” −porque se puede tener la sensación de llevar meses y meses practicando y no ver muy bien su sentido− poco a poco, con la práctica del silencio, de habitarte a ti mismo, de notar la propia respiración, de parar y estar, para ver qué surge… se van limpiando las lentes, las gafas que todos llevamos, y empiezas a percibir sutilezas que no habías percibido antes. 

Al menos, esta es mi experiencia y la de otras personas que conozco que llevan tiempo meditando. Empiezas a tener una calidad de la experiencia muy distinta a la que solías tener sin meditar. Ya que no solo estás muy atento y consciente a lo que está sucediendo en ti, a tus reacciones, a tu propio diálogo interno… sino también a lo que está sucediendo fuera de ti. Sonidos, estímulos… Empiezas a tomar conciencia de dónde estás, de la calidad del aire, de la temperatura, de fenómenos atmosféricos, de la nube que hay allí arriba, de una flor bella. De cualquier detalle.

Así, la meditación es una práctica que va poco a poco limpiando, haciendo una higiene, sacando hacia fuera la suciedad que empaña nuestras lentes, y va haciéndonos sibaritas de nuestra experiencia aquí y ahora. 

¿Por qué meditar, entonces? Porque aprendes a disfrutar un poco más de la vida, de las cosas, del día a día.. Y para eso tenemos que pasar también por un proceso de autoconocimiento, de darnos cuenta de las cosas que están y qué vemos, y que quizá no son de nuestro agrado siempre, pero si paramos, lo acogemos y le damos un espacio de observación, pues, todo lo intenso, incluso lo que no nos gusta, acaba por modificarse, acaba por cambiar, acaba por aliviarse.

La meditación que hoy te propongo es informal, en el sentido de que la postura que vamos a adoptar no es la típica de meditación. Se realiza tumbados, en una posición de descanso, y vamos a trabajar el hacernos amigos de parar, el hacernos amigos del silencio y ser capaces de acoger nuestro propio ruido interno.

Por Pilar Corcuera

Cuando estés preparado, puedes darle al “play” y comenzar a disfrutar de esta meditación 🙏

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