5 libros que marcan un antes y un después

«Así es como comenzó a entusiasmarme una idea: la de ser alguien que va por la vida con una mochila con las cosas más necesarias y nada más. »

Quiero dedicar este post a cinco libros que me han hecho ver la vida desde otra perspectiva y mejorarla con creces, y estoy segura de que a ti tampoco te dejarán (o te han dejado) indiferente.

Como indica el título, suponen un punto de inflexión, ya que nos llevan a profundizar y a tomar conciencia sobre cosas importantes para cualquier persona, como es vivir sin agitación mental, conectados con lo esencial o ser la mejor versión de uno mismo en lo profesional y en lo personal.

Se trata de obras con enfoques muy distintos, pero que te llevan todas al mismo punto fundamental: ser más libre y ser tú mismo.

1. Mindfulness en la vida cotidiana, de Jon Kabat-Zinn

Este fue el primer libro que leí sobre meditación hace muchos años y, en concreto, sobre meditación de atención plena o mindfulness. Lo conseguí para saber qué era eso de la atención plena que, a bote pronto, sonaba bien. 

Me encontraba en un momento vital que quería aprender y practicar alguna disciplina diaria que me ayudase a obtener más equilibrio y paz mental.

Al leerlo, no solo me aportó la técnica para el fin que buscaba, sino que además descubrí la potente filosofía que escondía detrás. Desde entonces, tengo claro que esa es la mejor forma de relacionarme conmigo misma, con los otros y con el mundo: una vida consciente y libre de sufrimiento.

De forma muy amena, esta obra de Kabat-Zinn te va introduciendo en la práctica de la atención plena para llevarte a una vida centrada en el presente y apreciando cada instante de la vida.

2. Walden, de Henry D. Thoreau

Me llamó la atención una cita de Thoreau que encontré en el libro anterior de Kabat-Zinn y me llevó a querer saber más del autor. Resultó ser, como Emerson o Whitman, uno los pensadores más influyentes en la historia americana, adelantado a su tiempo y visionario, precursor de los derechos civiles y del ecologismo. 

De esto último, no porque existieran problemas medioambientales importantes en aquella época (s. XIX), sino porque tenía en alta estima a la naturaleza y veía las maravillas contenidas en ella.

Lo que descubrí con este libro, Walden, fue el estilo de vida minimalista y decrecentista. Aunque más bien diría que me ayudó a reafirmar el camino, pues ya iba en esa dirección. Había descubierto que tener demasiadas cosas me restaba energía y que tratar de conseguirlas también me restaba dinero y tranquilidad. Y finalmente me pregunté si no me aportaría más energía despreocuparme por tener cosas. 

Así es como comenzó a entusiasmarme una idea: la de ser alguien que va por la vida con una mochila con las cosas más necesarias y nada más.  

Tengo que decir que no lo he hecho literalmente, pero continúo teniendo esa visión y me sirve de referencia para saber cuándo me sobran muchas cosas. Sigue siendo mi brújula para tener una vida más sencilla y libre. 

Thoreau hace elogio a la simplicidad y a la belleza y perfección de la naturaleza. En forma de diario, relata sus experiencias y reflexiones en un refugio en el campo, ingeniándoselas para vivir solo en el bosque, viviendo con lo mínimo y acompañado únicamente por sus libros y los animalillos del bosque.

Te hace ver lo que es más importante, y que el ser humano necesita muy pocas cosas para ser feliz, pero necesita a la naturaleza. 

Ideal como lectura antes de dormir.

Mi cita preferida de Walden: 

«¡Simplicidad, simplicidad, simplicidad! Que vuestros asuntos sean dos o tres, y no cien o mil; y en lugar de un millón, contad media docena y llevad las cuentas con la uña del pulgar. En medio de ese mar picado de la vida civilizada, son tales las nubes, las tormentas, las arenas movedizas y los otros mil asuntos, que debe uno enfrentar, que un hombre, si no quiere naufragar e irse a pique y bogar sin llegar nunca a puerto, no tiene más remedio que navegar a estima. Y para ello, sin duda, deberá ser un maestro haciendo cálculos… ¡Simplificad, simplificad!» 

3. La semana laboral de 4 horas, de Tim Ferriss

En uno de mis momentos de emprendimiento, me topé con este libro. Fue por casualidad, mientras buscaba otro. Me atrajo el título. Alguien podría pensar que son ganas de hacer el vago. Pero no tiene nada que ver con la pasividad, sino con disponer de más tiempo para dedicárselo a los tuyos y a tu ideal de vida.

He de confesar que al principio de su lectura me pareció un poco directo y agresivo, pero según fui avanzando, descubrí una obra tremendamente práctica, con recursos muy valiosos para facilitarme la vida y ayudarme a conseguir mis sueños. No estaba acostumbrada a tanto pragmatismo, pero me di cuenta enseguida que son muy necesarias este tipo de claves y estrategias para lograr diseñar y materializar lo que deseamos.

Ferriss plantea preguntas y propone ejercicios para conocerte mejor y saber hacia dónde ir. Te pone como ejemplo su vida y cómo él hizo cuando trabajó en algunas empresas y por su cuenta, con sus errores y aciertos.

Lo que tiene este libro, como todos, es que puedes tomar lo que sea más valioso para ti y tus circunstancias, y lo demás desecharlo. Pero algo que está claro es que no necesitamos trabajar 8 horas al día para ser productivos; hay otras opciones más eficaces para lograr los mismos o mejores resultados, y en menos tiempo. 

Podemos delegar tareas en las que somos lentos o poco hábiles y que a otros se les da mucho mejor, y realizar aquellas en las que tenemos más destreza, que probablemente son con las que más disfrutamos.

Se trata, en definitiva, de organizar el tiempo y el trabajo de manera inteligente para disponer de más tiempo para ti y para los tuyos, y esto es de vital importancia para fluir y sentir satisfacción vital.

4. El Elemento, de Ken Robinson

Relacionado con el hecho de dedicarnos a las tareas o actividades que se nos dan mejor, Ken Robinson plantea en su obra El Elemento que todas las personas nacemos con extraordinarias capacidades y talentos y que, a la hora de realizar una actividad o ejercer una profesión, si está relacionada con aquello que se te da mejor y al mismo tiempo te apasiona y dominas la técnica, significa que «estás en tu Elemento”.

En las páginas del libro descubres historias de personas (algunas de artistas muy conocidos) que han encontrado su Elemento y cómo este hecho les ha multiplicado su éxito y cambiado sus vidas.

Una frase habitual suya es: «Las escuelas matan la creatividad.» El sistema educativo convencional (prusiano) crea a personas iguales, alienadas, y no tiene en cuenta las peculiaridades de cada ser individual ni facilita desarrollar sus talentos ni su creatividad.

Y es que, si no estás en línea con lo que verdaderamente eres y, en su lugar, haces lo mismo que otras personas aunque no sea lo tuyo, porque no sabes o no conoces tus habilidades y/o simplemente te dedicas a lo que la sociedad aprueba o «tiene más salida laboral” (porque quizá es lo más fácil o para evitarte problemas), es muy probable que no sientas la felicidad y satisfacción que se siente cuando te dedicas a lo que realmente es lo tuyo.

En particular, me pareció grandiosa la idea en la que no solemos caer y es que, si lo que buscamos es dedicarnos a una profesión que nos aporte más dinero o un trabajo estable, precisamente esto se consigue cuando eres bueno en algo.

«Encontrar tu Elemento» se trata de un trabajo de reflexión y de experimentación de distintas cosas hasta dar con lo tuyo. En un segundo libro, Encuentra tu Elemento, propone ejercicios útiles (que le faltaban al primer libro) para ayudarnos a lograr este objetivo tan vital.

En mi caso, me encantó la idea de poder aprender más sobre mí misma para dedicarme a lo mejor que se me da, y eso es lo que he intentado hacer desde entonces.

5. Tu gran salto, de Gay Hendricks

Éste es el último libro que leí de estos cinco, y podría decirse que era el que me faltaba para encajar todas las piezas, pues de qué sirve dominar una serie de técnicas o saber lo que quieres… ¡si no te lo crees! o inconscientemente no te sientes merecedor de ello.

Gay Hendricks, psicólogo, se adentra en las creencias limitantes que adquirimos en la infancia que nos boicotean justo cuando nuestra vida empieza a tener máximo esplendor. A esto lo llama «síndrome del límite máximo» y menciona que no conoce a nadie que no lo haya padecido.

Sugiere que tenemos algo así como un termostato interno con un tope que determina los niveles de amor, éxito y creatividad de los que podemos disfrutar. Cuando superamos ese límite, solemos hacer lo posible para echar abajo lo nuevo que está entrando en nuestra vida para regresar a lo antiguo y familiar, que nos da seguridad.

Es decir, siempre que te encuentras en un momento a las puertas del éxito o bienestar máximo en algún sentido importante de tu vida, algo haces que lo estropeas, como por ejemplo, discutir con tu pareja fuertemente cuando la relación estaba en el mejor momento de complicidad. Es algo que no hacemos de forma consciente.

El síndrome de límite máximo se apoya en cuatro barreras inconscientes, que casi todo el mundo tiene (una o varias, pero difícilmente todas) y que, aunque parecen muy reales y ciertas, están basadas en el miedo y son irracionales: 

1. Creer que tienes defectos de base. Es decir, nunca te sientes suficiente y crees que el éxito no es para ti porque estás condenado al fracaso o algo parecido. Y, entonces, cuando pones el pie en el límite máximo, una vocecita te dice siempre: “Esto no puede ser para ti porque tienes defectos de base.” Pero esto es falso.

2. Traición y abandono. Esta barrera se basa en la creencia de que si alcanzas todo lo que te propones, te quedarás solo, traicionarás tus raíces y dejarás en el olvido a la gente de tu pasado. ¿Has experimentado alguna vez esta barrera? Es común en muchas personas, según Hendricks, y nos hace sentir culpables a medida que nuestros logros crecen. La culpa que sientes te hace pisar el freno, evitando que conquistes el éxito y disfrutes del que ya tienes. 

3. Creer que tener más éxito equivale a ser una carga mayor. Tiene que ver con la idea de que si conseguimos logros representaríamos una carga mayor de la que somos ahora. Es decir, si llegamos al mundo en unas circunstancias en las que concluimos que fuimos una carga para nuestros padres, pensamos que cada cosa que hacemos supone un peso más para ellos y para el mundo, pues no deberíamos o no nos merecemos estar aquí, por así decirlo. 

4. El crimen de eclipsar. Este límite es muy común en los niños superdotados y brillantes que captan a menudo el mensaje subliminal de la sociedad: “no destaques demasiado”. Incluso por sus padres y hermanos. Se les suele culpar de robar la atención de otros miembros de familia y de los compañeros de colegio, y una de las soluciones inconscientes que ponen en marcha es evitar destacar demasiado para no suponer una amenaza para los demás.

Lo positivo del síndrome del límite máximo es que no se tarda en detectar de dónde procede el problema y, una vez descubierto, “es como si se encendiese una lucecita en una habitación muy oscura”. Al hacerlas conscientes, estas barreras se disipan y podemos avanzar de zona.

Según Hendricks, nuestras actividades en la vida tienen lugar en cuatro zonas principales: zona de incompetencia (actividades en las que no somos buenos y que otras personas pueden hacerlas mucho mejor), zona de competencia (actividades que sabes hacer, pero que otras personas saben hacer igual de bien), zona de excelencia (actividades que se te dan muy bien y con ellas te ganas la vida, pero si te acomodas en ellas no das el salto a la siguiente zona, la de genialidad), y zona de genialidad (coincide con el “estar en tu Elemento” de Ken Robinson).

Estar en la zona de genialidad es haber hecho caso a la “llamada” de lo que has venido a hacer relacionado con tus talentos y fortalezas, y expresarlos plenamente en las actividades que realizas además de disfrutar plenamente de ello, y en su libro Hendricks te ofrece herramientas para superar las barreras del síndrome del límite máximo y situarte en esta zona.

Este ha sido un resumen de los cinco libros que más me han influido y que espero que también te produzcan el mismo efecto si los lees.

¿Y a ti? ¿Algún libro te ha cambiado la vida?

“Para encontrar tu Elemento es fundamental poder conectar con otras personas que compartan tu misma pasión.”

Ken Robinson

Por Carmen Gonçalvez


He leído y acepto los Términos y Condiciones

2 comentarios en “5 libros que marcan un antes y un después”

  1. Hola Carmen. Antes de nada felicitarte por tu gran artículo, casualmente tres de los cinco libros que citas en esta entrada los he leído yo también :). A continuación, te pongo un par de libros que influyeron en mí a una «temprana» edad:

    «El tercer ojo»: posiblemente este sea el primer libro que hizo que mi mente se empezase a abrir a temas nuevos y desconocidos. Una filosofía que de aquellas (años ochenta, cuando era adolescente) no se parecía en casi nada a la occidental ni a la filosofía de las personas con las que convivía el día a día.

    «Cómo ganar amigos e influenciar sobre las personas» es otro libro que me influenció mucho, ahora ya en primer año de carrera, sobre todo a la hora de comportarme en eventos sociales y en el trato de la gente. Muy recomendable a pesar del título, que puede ser un poco «exagerado».

    Hay otros muchos libros, pero estos son los dos primeros que recuerdo que influyeron en mi forma de ser y en mi personalidad. 🙂

    Un saludo.

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    • ¡Hola, Javier!

      Quedan anotados tus dos libros en mi lista 😉

      Cierto es que algunos títulos de libros pueden echar para atrás, y luego resulta que el contenido es muy bueno. Me ocurrió con «Deja de ser amable, ¡sé auténtico!», de Thomas D`Ansembourg, que desarrolla muy bien la teoría de Comunicación no Violenta de Rosenberg y de forma bastante amena.
      También sucede con los títulos de películas. Por ejemplo, «Olvídate de mí» es el título en español de la película «Eternal Sunshine of the Spotless Mind». Vaya diferencia, ¿no?

      Gracias por compartir!!
      Un abrazo

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